5 errores que cometemos en la educación de nuestros hijos.

Es fundamental que los niños aprendan a apreciar el valor de las cosas y lo importante que es conseguir algo por uno mismo. Aunque no lo creamos, la sobreprotección es perjudicial.


Todos queremos ser los padres y las madres perfectas. La idea de traer un niño al mundo conlleva una gran responsabilidad, y es habitual que, en ocasiones, nos obsesionemos en ser una “supermamá” leyendo un sinfín de manuales y apuntando a nuestros hijos a numerosas actividades extraescolares con la idea de que sean los mejores, los más listos, los más exitosos.

Ahora bien, hemos de tener claro que los niños nunca te van a pedir que seas la mejor madre del mundo. Lo que toda criatura necesita en realidad es que estés con él, que lo hagas feliz y le ayudes a madurar con seguridad para tomar sus propias decisiones y elegir su propio camino. Se trata solo de cuidar, sin sobreproteger, y educar desde las emociones.

Aclarado esto, es importante también que tengamos en cuenta esos errores que, en ocasiones, cometemos en la educación de nuestros hijos. Son dimensiones que podemos pasar por alto y en las que a veces no caemos, por falta de tiempo o por desconocimiento. ¡Descúbrelas con nosotros!

1. No escuchar a tu hijo.


Lo sabemos. Los niños se pasan el día haciéndonos preguntas, contándonos cosas y haciendo imaginativos comentarios que, en ocasiones, no acabamos de comprender. Ten paciencia y escucha cada palabra que tu hijo te diga como si fuera la cosa más importante del mundo porque, en realidad, lo es.

Si no lo atiendes, si a cada instante le dices que estás ocupada y no tienes tiempo, llegará un día en que el niño ya no acuda a ti para contarte cosas y prefiera encerrarse en su cuarto con el ordenador. Es un peligro.

2. Sancionarle cada cosa que hace mal.


Los niños necesitan saber donde están los límites, tienen que comprender qué está bien y qué está mal para así poder actuar con seguridad conociendo qué se espera de ellos en cada momento. Ahora bien, para crecer y madurar es necesario cometer errores y es común que los niños tengan fallos, que se porten mal de vez en cuando y que tengan reacciones inadecuadas.

Es básico que en la educación de nuestros hijos aprendamos que, después de una sanción, debe aportarse una lección. Es decir, si hace algo mal, enséñale a hacerlo bien. Si suspende una asignatura, pregúntale qué ha ocurrido; si pega a un niño en el colegio, explícale que esas acciones no están bien, pero pregúntale también qué le ha llevado a actuar de ese modo.

Educar no es sancionar, sino que es crear puentes de aprendizaje. Así pues, no olvides reforzar cada cosa que hace bien y guiarlo en cada uno de sus errores.

3. Hacer las cosas por ellos.


Es posible que le cueste mucho hacerse el nudo de los zapatos o resolver esos problemas de matemáticas. No pasa nada, dale tiempo. No te preocupes si sus hermanos u otros niños terminan sus tareas antes que él. Debes comprender que cada niño es único y hay que respetar sus particularidades.

Si resolvemos nosotras sus cosas para hacerles la vida más fácil, estaremos cometiendo un error imperdonable. La sobreprotección es un modo de educar a niños inmaduros e inseguros, así que dales tiempo, dales responsabilidades cada día para que aprendan que la vida es esfuerzo y dedicación. Cuando consigan las cosas por sí mismos, se sentirán más orgullosos.

4. Querer que tu hijo sea como tú deseas.


¿Tu hijo es algo introvertido? ¿Le gustan cosas que no entiendes? ¿Es más independiente de lo que te gustaría? Respeta su personalidad y apóyalo en cada cosa que haga. Cada niño tiene su propio carácter y eso es algo que debemos entender desde el principio. De ahí que sea bueno que tenga siempre sus propias ideas, esas que apoyar, esas que, sin lugar a dudas, te ayudarán a guiarlo mejor por el mundo para que sea feliz.

La educación no se trata de crear niños iguales, mentes que pienses igual y personas que se comporten del mismo modo. Orienta a tu hijo para que encuentre su propio camino y para que sea una persona madura de acuerdo con su forma de ser, de acuerdo con su personalidad.

5. Compararlo con otros niños.





El comparar a nuestros hijos con otros niños del colegio o con sus propios hermanos es un error que nunca hemos de cometer. Hay padres y madres que caen en el descuido de decir ante ellos frases como “mi hijo no es tan listo como el tuyo, qué se le va a hacer. A ver cuándo madura”, “mi hijo mayor es más tímido que el pequeño, por eso no tiene amigos. Al otro, sin embargo, le va bien en todo y no me da ningún problema”.

Hemos de cuidar mucho nuestras palabras, ya que los niños se dan cuenta de muchos más detalles de los que pensamos, los cuales, a largo plazo, pueden convertirse en auténticos traumas para ellos. El compararlos con otros les trasmite un sentimiento de inferioridad y una posible baja autoestima que puede perjudicar mucho  su madurez emocional.

Nunca lo hagas, nunca compares. Haz que cada uno de tus hijos sea único y especial dentro de sus particularidades. Quiérelos por igual y propicia su madurez, su responsabilidad y su autonomía, para educar personas felices. La educación de nuestros hijos es importante, así que no caigas en estos errores.


¿Cómo puedo ayudar a mi hijo con depresión?




Los niños pueden sufrir depresión al igual que los adultos. Ahora bien, que nuestros pequeños, de forma perfectamente normal, nos cuenten o nos muestren que se sienten tristes, infelices, irritados o con desaliento durante un período breve de tiempo es muy diferente a que padezcan este trastorno. Hay que saber diferenciar entre la expresión de emociones negativas y la presencia de una patología.

Así, cuando las emociones negativas se quedan en la vida del menor inundándola poco a poco e interfiriendo en los distintos aspectos de su vida, como en su rendimiento escolar o en la convivencia familiar puede que estén indicando la presencia de este trastorno. ¿Podemos hacer algo como padres para ayudarles en esta situación? Sí. ¡Continúa leyendo y descubre cómo!


“Una de las cosas más afortunadas que te pueden suceder en la vida es tener una infancia feliz”

-Agatha Christie-
 Cómo puedo saber si mi hijo padece depresión?

Antes de ponerle remedio, primero tendremos que saber si este es el problema que realmente presenta nuestro pequeño. Para ello, podemos estar alerta ante una serie de señales que nos pueden indicar que tiene depresión. Aun así, siempre tendremos que contar con el diagnóstico de un profesional.

Las señales que debemos tener en cuenta son: estado de ánimo irritable o depresivo, problemas de conducta o de disciplina, pérdida de interés o placer, autoestima baja, aislamento social, agitación, dificultad al concentrarse y sentimientos de que no vale nada y desesperación.


También son síntomas de alarma: cambio en el apetito, llanto frecuente, trastornos en el sueño (tanto la falta como el exceso del mismo), quejas físicas, cansancio, subida o bajada de peso, conductas dirigidas a lastimarse a sí mismo, crecimiento y peso no apropiados para la edad y el desarrollo del niño y, por último pero no menos importante, hablar o intentar cometer un suicidio.

Hay que tener en cuenta que estas circunstancias se pueden asociar también a otros problemas o trastornos. De esta forma, puede resultar difícil para los padres delimitar si es depresión u otra cosa. Lo que está claro es que indican que tanto el niño como nosotros necesitamos ayuda… ¡Pidámosla y acudamos a un psicólogo adecuado!

“No puedo pensar en ninguna necesidad de la infancia tan fuerte como la necesidad de protección de un padre”
 -Sigmund Freud-

Si tiene depresión, ¿qué puedo hacer?

A parte de la ayuda profesional es importante que, como padres, aportemos nuestro granito de arena y ayudemos a nuestro hijo. Para empezar, si nuestro pequeño tiene una autoestima baja y tiende a criticarse a sí mismo, podemos elogiarle y acentuar lo positivo. Eso sí, ¡de manera sincera! Al igual que podemos cuestionarle de forma comprensiva esas críticas negativas hacia sí mismo, además de señalarle los pensamientos negativos que manifieste.

En la depresión suele aparecer la culpabilidad. Cuando esto ocurra, debemos ayudarle a distinguir entre aquello que puede controlar y lo que no. Si se dan la impotencia o la desesperación, podemos instarle a que escriba o hable de sus sentimientos, así como a que anote pensamientos placenteros 3 o 4 veces al día. Al principio le costará, pero es un ejercicio que le va a ayudar a aumentar su afecto positivo.

“Nunca es demasiado tarde para tener una infancia feliz”
                                                                       -Tom Robbins-

Si vemos que hay pérdida de interés y tristeza, podemos preparar una actividad interesante al día. En esta línea, también nos vale planificar acontecimientos especiales y comentar en familia temas agradables. De hecho, el plano familiar es muy relevante en todo esto. Tener una estabilidad en este ámbito nos va a ayudar de forma considerable. ¿A qué me refiero? A mantener una rutina y a disminuir los cambios en asuntos familiares, comentando estos con antelación para intentar reducir las preocupaciones.

Si observamos pensamientos o señales relacionadas con el suicidio, debemos acudir al profesional lo antes posible. En definitiva, es relevante apoyar al pequeño todo lo posible y ayudarle lo mejor que podamos. Sus tristezas y pensamientos negativos también son importantes.

La depresión enmascarada: cuando el cuerpo habla


Ninguna depresión es igual. Ni ningún sufrimiento es igual a otro. De ahí que en muchas ocasiones a los profesionales de la salud les sea tan difícil dar un diagnóstico adecuado. Un dolor de espalda, taquicardias, vértigos e incluso alergias esconden realidades más profundas, tal vez una depresión enmascarada, que pasan inadvertidas y para las que se dan tratamientos poco apropiados.

Pensemos por ejemplo en los niños. En edades tempranas es muy difícil que puedan traducir en palabras aquello que les ocurre, aquello que puede estar traumatizándolos sin que los adultos lo sepan advertir. Eneuresis nocturna, dolores de cabeza y problemas escolares serían las pistas de una depresión silenciosa o enmascarada en un niño.

También los ancianos son tendentes a este tipo de problemas. Por su edad avanzada se encuentran en un cuadro clínico donde son más que comunes los dolores, las malas digestiones, las infecciones, los mareos… ¿pero y si lo que en verdad tienen es una depresión enmascarada?

Hemos de tenerlo en cuenta. Por nuestra salud y nuestro equilibrio. Debemos recordar siempre que nuestro cuerpo es fiel reflejo de nuestro mundo interior y nuestros callados padecimientos.


La depresión enmascarada, o depresión somatomorfa

Se dice que presentan depresión enmascarada casi el 10% de las personas que acuden a sus centros de salud por problemas de espalda, cefaleas o distintas enfermedades aparentemente sin demasiada importancia. Y de ese 10% solo el 50% recibe un diagnóstico adecuado.

El resto de personas iniciarán un costoso periplo de visitas a los especialistas donde difícilmente se encontrará el origen de su dolencia. Recibirán calmantes, antiinflamatorios o cualquier otro fármaco que no hará más que empeorar aún más la situación.

¿A quiénes afecta más la depresión enmascarada?

Se dice que la depresión enmascarada es muy común, por ejemplo, en los niños. Criaturas a las que se les puede diagnosticar por ejemplo una hiperactividad, o el clásico problema de eneuresis nocturna, que surge de pronto sin que sepamos por qué. Problemas de alimentación, cambios de carácter… pistas indudables de que existe un problema subyacente.

Pero no es solo una descripción de lo que sucede en niños y ancianos. Son muchos los adultos que van de un especialista a otro sin que nadie encuentre origen a sus taquicardias. A sus problemas digestivos, a su cansancio crónico. Pero la realidad es que no siempre la culpa debe caer sobre los profesionales de la salud, incapaces por dar la etiqueta de “depresión” a un paciente que de verdad la está padeciendo.


Negándose a reconocer el problema

Existe otra vertiente que debemos tener en cuenta: hay muchos pacientes que se resisten a ser diagnosticados con una depresión. Son personas que no conectan bien con sus emociones y sus sentimientos. Personalidades que no aceptan que algo les ocurre, que hay algo que no va bien en sus vidas. En su mundo interior.

De ahí que aparezca la clásica “somatización”. Pero hay otro aspecto más profundo: en nuestra sociedad “aparentemente avanzada” los problemas físicos están mejor vistos que los psicológicos. Puede parecer sorprendente, pero es así. Hay personas que prefieren declarar que sufren dolor de espalda crónico a que padecen una depresión.

Es más fácil en ocasiones decir que nos duele la cabeza a que hemos pasado un día horrible en el trabajo. A que nos sentimos solos y tristes. Las emociones no solo cuesta reconocerlas, sino también verbalizarlas, hablar de ellas. Lo que sería, sin lugar a dudas, el primer paso para nuestra propia curación.

Esconder, callar, disimular emociones o sentimientos acaba siempre traduciéndose en un malestar físico, y con el tiempo es muy probable que ese problema original acabe volviéndose crónico.
 La importancia del diagnóstico

Es muy llamativo como a medida que las personas reciben el diagnóstico adecuado y asumen que lo que sufren es una depresión, la mejora va apareciendo día a día. Con el tratamiento indicado y con la fuerza de voluntad propia, cada paso en afrontar esos problemas psicológicos nos van restando padecimientos físicos. Y eso es sin duda esperanzador.

La depresión enmascarada es uno de los problemas más comunes en nuestra sociedad y un reto al que se encuentran muchos profesionales de atención primaria. ¿Es un problema físico lo que sufre mi paciente o es quizá una depresión encubierta? Hemos de recordar siempre que nuestra salud no necesita solo de una buena alimentación y algo de ejercicio físico.

La salud empieza cada día con nuestro propio bienestar emocional. Con esa felicidad sencilla del día a día, con una ilusión que empuje nuestros sueños y proyectos. En ocasiones no es fácil, lo sabemos, pero todo esfuerzo por mantener nuestro equilibrio emocional y nuestra felicidad, valdrá la pena. ¿Lo intentamos?

¡Ojalá vivas todos los días de tu vida!🌻💞🦋

Imagen de la web 

“Esta es tu vida. 

Haz lo que amas, y hazlo a menudo. Si no te gusta algo, cámbialo. 
Si no te gusta tu trabajo, déjalo. Si no tienes tiempo suficiente, deja de ver la televisión. Si estás buscando el amor de tu vida, para; te estará esperando cuando estés haciendo cosas que realmente quieres.

Para de analizarlo todo, la vida es simple. Todas las emociones son fantásticas. Cuando estés comiendo, aprecia cada bocado. Abre tu mente, brazos y corazón a cosas y gente nueva, estamos unidos por nuestras diferencias. Pregunta a la próxima persona que veas cuál es su pasión y comparte un sueño inspirador con ella.

Viaja a menudo; perderte te ayudará. Algunas oportunidades sólo vienen una vez, aprovéchalas. La vida es la gente que conoces, y las cosas que creas con esas personas. Sal fuera y empieza a crear. La vida es corta. Vive tu sueño, lleva a cabo tu pasión.“

La vida es tan corta que no podemos esperar a que lo que queremos venga hacia nosotros, debemos de volar hacia ello. Porque al final lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años.

Hay una enorme diferencia entre conocer el camino y andarlo. Muchos conocemos o creemos conocer el camino que hemos de recorrer pero pocos disfrutamos de la experiencia de recorrerlo.

Crece, estudia, encuentra al amor de tu vida, cásate, ten hijos, trabaja para sacarlos adelante, ten unos nietos maravillosos y espera a que tu vida se duerma. ¿De verdad esto es para todos? ¿De verdad que es lo que queremos?

Me resulta complicado creerlo. Si preguntamos a un jugador cuál es la mejor forma de jugar nos dirá que no la hay. Depende del momento, de su situación y de la de su oponente, del significado que ofrece la jugada y de cómo se componga el entorno en ese momento. Lo mismo pasa con la vida.


No derroches tu tiempo, es relativo

Somos el ahora y el aquí, eso es lo importante. El tiempo es vida y tú no sabes cuánto te queda. Algunos de nosotros tratamos en un momento u otro encontrar el sentido a la vida. Lo que no pensamos es que VIVIR es el único sentido de esta. De verdad, la vida no está montada para que la programemos o la desperdiciemos planteándonos qué sentido tiene vivir.

No importa el sentido de la vida en términos generales porque vivir es libre. Que nada ni nadie te diga lo que tienes que hacer o sentir en ningún momento. Que no te importe el qué dirán, porque solo te hace libre vivir a tu manera.

Eso sí, vivir la libertad también tiene un precio que no puedes eludir: la responsabilidad. Recuerda que tu libertad acaba donde comienza la de los demás, nunca hagas daño por iniciativa propia. Explora tus valores y ponlos en práctica.

Ríe cuando quieras reír y llora cuando necesites hacerlo, pues la vida no tiene límites para ti. Cambia lo que quieras cambiar aunque eso suponga que corras el riesgo de fallar. Unas veces se gana y otras se aprende, por lo que si no obtienes lo que quieres al menos estarás creando equipaje.

No esperemos a llegar a la cumbre para admirar las vistas, todas las posiciones tienen algo bello. Cada punto de nuestro recorrido puede convertirse en un ensueño aín cuando creemos estar en una terrible pesadilla.

No tengas miedo a soñar, la mente viaja sin boleto

Recuerda que la sociedad es egoísta, no esperes que los demás valoren lo que haces o no haces. Ten seguridad en ti mismo y en lo que construyes. No hagas castillos en el aire, no vendas humo. Aprecia lo que tienes y no desees en exceso lo que no tienes.

La felicidad en la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar. Pon tu pasión al 100% en cada paso que des, ámate a ti mismo sobre todas las cosas y cultiva nuevos amores pero, sobre todo, replantéate tus prioridades a diario.

Arriésgate a vivir tu propia vida, porque el mayor peligro es no vivirla.

Que todo lo bueno te siga, te encuentre, te abrace y se quede contigo.

Que todo lo bueno te siga, te encuentre, te abrace y se quede contigo. Que el resto pase de largo. Que todo aquello de lo que puedas aprender se haga en tu vida, aunque sea para ofrecerte la lección.


Que hagas tuya cada lección, que moldees cada piedra en tu camino. Que pintes rayas y puntos finales. Que tropieces, que te caigas. Que escribas puntos suspensivos con cada rebote cuando vengan malos tiempos. Que puedas crecer y que puedas vivir.

Que seas consciente de lo bueno y lo malo. Que sepas, porque lo has podido experimentar, que todo lo bueno de la vida despeina. Que es mejor vivir revolucionado mirando al horizonte. Que la mejor manera de estar a salvo es temer la mediocridad…

Que todo fluye, aunque a veces el tiempo nos amenace. Que siempre, de una u otra forma, podemos volver a la casilla de salida y comenzar de nuevo. Que los logros merecen ser celebrados y los “fracasos”, reconceptualizados.



Recuerda que las sombras y los demonios también pueden ser abrazados. Que la tristeza también es buena, pues nos ayuda a expresar y a apreciar lo que deseamos. Que es posible poner el enfado de nuestro lado.

No dejes que nadie castigue tu sensibilidad y ten muy presente que llorar no es sinónimo de debilidad. La comunicación sensible requiere franqueza. Atacar los sentimientos en vez de revelarlos es un error que podemos pagar muy caro. Sabiendo esto debe quedarnos claro que la sensibilidad es un don que merece ser potenciado, porque vivir “desde el corazón” es lo que nos hace especiales y auténticos.

Rechaza los absolutos, evita que las palabras siempre, nunca, todos o ninguno estén presentes en tu boca para hacer afirmaciones categóricas. Intenta comprender que la vida es un arcoíris de colores y que mirar en blanco y negro no es bueno para nadie.

Por favor, no te olvides de que el amor no se mendiga y que si tienes que hacerlo NO ES AMOR. Ten muy presente que las relaciones abusivas están a la orden del día, que debes examinar lo que te aportan.


Porque puedes tener muy presente algo, que debe importarte quien te aporte y que en verdad no existe la total falta de tiempo. Recuerda esto y no lo olvides: si no percibes interés, eres libre de alejarte. No te sientas culpable de desearlo.

No te olvides de que la resiliencia, el autocontrol y la asertividad son tres de las habilidades psicológicas más importantes que puedes desarrollar. No te rindas, toma distancia y di no cuando así no lo necesites.

No te olvides de que el tiempo es tan eterno como efímero. Que no hay soluciones mágicas ni recetas infalibles para los “dolores del alma”. Porque al fin y al cabo se trata de pedirle a la vida tequila y sal cuando se empeña en darte limones.

No te asustes si deseas estar solo. No te sientas culpable si no te apetece hablar o relacionarte. Asume que todos nos reservamos una parcela de nuestra alma a nosotros mismos y eso no es malo, si no tremendamente necesario y esperanzador. Entiende y respeta, también, que los demás lo hagan.

cuerpo femenino

Apóyate en el hombro de esas personas que cuando te abrazan logran destruir todos tus miedos. Recuerda que hay lugares que no están en los mapas. Son nuestros hogares,  ubicados en los brazos de las personas que queremos y que nos quieren. Esas mismas que nos ayudaron a escribir pasajes de nuestra historia.

No entristezcas cuando recuerdes a las personas que eligieron marcharse, recordarlas es síntoma de que tienes memoria y VIDA. Aprecia tu memoria, tus cualidades y tu salud. Piensa en que dentro de unos años será lo verdaderamente trascendente.

Desconfía de quien te aleje de ti, de tus deseos y ambiciones. Teje tu vida al compás de las agujas del reloj y no pierdas de vista que la vida pasa y que es más importante vivirla que hacer otros planes.

Pero, sobre todo, ama con fuerza. Ni a medias ni bien. Hazlo fuerte. A los demás, a la vida y a ti mismo. Por favor, no te pierdas en lo intrascendente y dale forma y sentido a tu vida. Recuerda que cada minuto cuenta, que todo suma y que eres capaz de volar mucho más alto de lo que lo estás haciendo.





Para ser feliz debes aprender a ignorar a muchas personas.

Muchas veces alejarnos de las personas conflictivas no solo es una cuestión de comodidad, sino de salud mental. Hay actitudes que nos llegan a desequilibrar tanto que nos bloquean y nos impiden realizarnos, sometiendo nuestro bienestar emocional a sus antojos.


Todos sabemos de buena tinta que nuestras relaciones no siempre nos aportan algo positivo, aunque realmente lo esperemos. A pesar de que somos conscientes de esto, no cuesta darnos cuenta de que estamos alimentando intercambios tóxicos.

O sea, nos parece algo “tonto” e incoherente pero, sin embargo, no podemos escapar de la realidad. Sacrificar nuestro bienestar por los demás está a la orden del día para cada uno de nosotros.

Así que nos encontramos ante el triste panorama de vivir sometidos a relaciones insanas con personas que no nos aportan sinceridad ni buenas emociones. Es decir, intercambios cargados de intereses y egoísmos. Por eso, para poder crecer debemos de aprender a ignorar a cierta gente en ciertos momentos.

¿Qué es lo que debemos ignorar para ser felices?

Las situaciones a partir de las que conviene comenzar a regalar nuestra ausencia son variopintas. Normalmente podemos reconocer con facilidad lo que nos turba pero es posible que nos lleve un tiempo en otras ocasiones.

Conocerlas nos ayudará a tomar conciencia de la realidad e incluso puede ayudarnos a anticipar estas cuestiones, de manera que podamos impedir que nos hagan más daño que el inevitable. Dicho esto, veamos algo más detenidamente lo que debemos aprender a ignorar:

1.Las críticas de los demás. Nadie nos puede afectar sin nuestro consentimiento. O sea, somos nosotros lo que damos validez a las opiniones de los demás. Lo que otros piensen sobre las decisiones que tomamos no debería importarnos, ya que es tan probable que nosotros nos equivoquemos como que ellos lo hagan.

2. La creación de inseguridades. Hay personas que se piensan que son expertos en la vida de todo. Estos acaban consciente o inconscientemente, creando inseguridades y pequeñas frustraciones en la gente que les rodea. Procura ignorar este tipo de actitudes, pues solo te conducen a la frustración.

3. Preocuparnos por lo que no podemos controlar. Si nos preocupa cómo va a actuar esa persona o qué va a hacer o decir, algo va mal. O sea, la gente no va haciendo daño deliberadamente y no debería de tenernos en vilo que nos respeten o no. Si esto ocurre, es mejor de que alejes de esa persona.


4. Las comparaciones obsesivas. Está muy bien que la gente triunfe y tenga éxito, pero no que hagan sentir a los demás poca cosa. No hay persona más insignificante que aquella que usa sus logros para menospreciar a los demás. Por eso, sigue centrándote en lo que tú puedes hacer para seguir creciendo y recuerda que lo que consigas depende en gran parte de que te lo creas.

5. Los intereses y egoísmos. No todo el mundo te está ayudando cuando intentan aparentar estar haciéndolo. Empieza a desactivar la realidad y analiza hacia qué lado se inclina la balanza siempre. Si hay un equilibrio, significa que hay armonía en vuestra relación; si por el contrario no lo hay, algo va mal.

Regala tu ausencia a quien no valore tu presencia

Tenemos que darnos cuenta de que con el tiempo la imagen que tenemos de las personas puede cambiar, lo que implica que desconoceremos a aquellos que creíamos conocer.

Regala tu ausencia y tu indiferencia a quien no te valore; pero no de cualquier forma, auséntate emocionalmente. No lo hagas como una forma de venganza, sino como una manera de protegerte.




 A veces nos percatamos demasiado tarde de que todo lo que hemos hecho por alguien ha sido ignorado o menospreciado en el terreno emocional. Es posible que entonces nos sintamos decepcionados y que nos demos cuenta de que no han movido ni un dedo por nosotros.

Conseguir que lo que alguien haga o no haga no nos afecte actúa como un bálsamo. Puede que resulte costoso al principio, pero los resultados comienzan a notarse bien pronto en nuestra salud emocional.

De hecho, cuando somos capaces de hacerlo, nos damos cuenta de que es un verdadero placer poder escucharnos sin nada que enturbie nuestro diálogo interior.


Querida vida, discúlpame por decepcionarte.

Querida vida:

Discúlpame por decepcionarte. Perdona por traicionarte al dejar de ser yo misma por miedo a que los demás me juzgasen. Perdóname por dejar de escucharte, por renunciar a ti, por creer que siempre estarías esperándome.


Ser yo en un mundo que trata de que no lo sea es una verdadera proeza. Críticas, miradas inquisidoras, maltratos sutiles, hipocresía envuelta en abrazos, expectativas ajenas, relaciones tóxicas, estrés, etc.

Cada una de estas razones me han hecho errar en el planteamiento de mis prioridades. ¿Sabes qué ocurre? Que me equivoqué. Me confundí de camino y de esperanzas. Creí estar labrándome un futuro emocional saludable cuando en realidad estaba haciendo castillos en el aire.


Solo me he percatado de ello cuando me he dispuesto a subir a lo más alto de la torre. Pero no había escalones. Entonces me he dado cuenta de que por miedo al rechazo y a hacer daño a los demás me he abandonado.

He renunciado a ser yo. Lo reconozco. He oído la campana que finaliza el recreo y no he podido hacer más que quedarme con cara de circunstancias mirando anonada las agujas del reloj.

En ese estado de trance me he percatado de que en mi baraja de cartas había buenas y malas. He jugado muchas buenas pero quizás lo he hecho con la gente equivocada de la manera errónea. Aunque eso en este punto da igual, porque no dejan de llegarme más o más cartas. En mi símil, las cartas significan oportunidades, algo que entiendo que si algo cambia en mí nunca va a faltar.

No obstante, he de reconocerlo, siento un gran cansancio a la hora de jugar. Hay tantas personas marcadas, tantas personas que me han defraudado y tantos engaños de por medio que a veces solo puedo sentir que se están aprovechando de mi buena voluntad.




Por otro lado, he de decir que he entendido que la familia, la salud, los amigos y la esencia de uno mismo son balones de vidrio que hay que mantener en el aire en equilibrio. He podido experimentar la derrota de que alguno de ellos se haya caído y se haya roto ante mis pies.

He llorado, una y otra vez, por dejar dañados mis esféricos. He comprendido que en ese punto todo cambia y que cuando un daño está hecho, ya no se puede reparar. También, gracias a los golpes, he comprendido que el trabajo no es una pelota de vidrio como las demás, sino que es de esas de goma que rebota y, por eso, al final de la vida no es tan importante.

En este trayecto he aprendido a ser valiente. Muestra de ello es esta carta, pues en verdad no hay mayor coraje que el de adentrarse uno mismo.

También hoy soy consciente de que el mismo hecho de que las personas tóxicas te dejen de hablar supone un alivio emocional tan intenso que a veces resulta incluso abrumador. Es como si la basura se sacara sola, aunque la moralidad no me deje decir esto en voz alta.



Lo sé. Lo he comprendido. A base de golpes que aún me retumban he decidido pedirte perdón y perdonarme, que es casi lo mismo. Porque llega un punto que uno puede fingir muchas cosas, excepto el perdón. Da igual lo que pretendas, las palabras que no se pronuncian y las lágrimas que no se lloran siempre pesarán en tu mochila.

Por eso hoy doy un paso adelante y corro a reencontrarme con esa parte de mí que las personas equivocadas y la prioridades mal planteadas oscurecieron en algún momento. Por eso digo adiós a todo aquello que me perjudica. Por eso me hago valer. Por eso vuelvo a conocerme. Por eso creo un punto de partida. POR ESO VOY A DARME OTRA OPORTUNIDAD.


En la vida todo llega, todo pasa y todo cambia.


Al principio somos como niños ansiosos. Queremos que todo llegue lo antes posible, soñamos con devorar experiencias, con exprimir la vida. Más tarde llegan los triunfos, las desilusiones, las piedras en el camino… No obstante, de eso trata la vida, de avanzar, de asumir cambios y ser humildes en todo ese maravilloso trayecto vital.


¿Quién no ha querido alguna vez que algo llegue lo más pronto posible? ¿Y quién no ha deseado en alguna ocasión que un momento fuera eterno, que el tiempo se detuviera ahí mismo como esas rocas que se alzan firmes en medio del océano?

No importa, porque los buenos momentos siempre se quedarán impresos en nuestra memoria. El hombre, por así decirlo, está hecho de recuerdos y nos pasamos gran parte del día evocando buenos y malos instantes.

Admitir que nuestra vida discurre un poco más cada día y que avanza con un tic-tac que nadie puede detener, es sin duda algo que nos asusta y que nos obliga a reflexionar. No obstante, no hay que tener miedo a ese camino, a ese avanzar.

Todos somos breves inquilinos es este mundo imperfecto lleno de cosas maravillosas. No hay que tenerle miedo a los años, sino a la vida no vivida, a los años vacíos huecos de emociones, de triunfos y por qué no, también de fracasos nunca experimentados. Esos de los que tanto aprendemos.

Reflexionemos hoy brevemente sobre este avanzar de nuestra existencia, hablemos de esos aspectos permanentes que debemos cuidar cada día para llevar una vida más plena.

En la vida todo cambia, excepto las esencias

En efecto, podríamos decir que en esta vida todo llega, todo pasa y todo cambia. No obstante, hay algunos elementos que deben ser puntos fijos en nuestro microuniverso particular:


Tu autoestima, tu necesidad por aprender e ilusionarte

El amor, el respeto, la dignidad y nuestra necesidad por cultivar el crecimiento personal, deben ser pilares esenciales en tu día a día. Veletas que guiar con fuerza y entereza tu camino, sea cual sea.

Hay veces en que en esta extensa aventura vital, declinamos muchos de estos aspectos en favor de otras personas. Hay quien prioriza en algún momento de su vida a sus parejas hasta tal punto, que se olvida de uno mismo.

Y si bien todo es justificable si los sentimientos son intensos, hay que saber mantener el equilibrio. Ofrecernos a los demás hasta el punto de olvidar nuestras necesidades, nos hará caer tarde o temprano en la frustración, y por tanto dejaremos de avanzar.

Cuando pierdes tu capacidad por ilusionarte, cuando tus días están aferrados a la preocupación o la insatisfacción, tu vida ha dejado de avanzar. El peso que acumulas te arraiga ya al sufrimiento. Respira, relativiza todo lo que te aferra y rompe las cadenas que creas necesarias…

Puede que pienses también que otro aspecto que no debe cambiar a lo largo de nuestra vida, son sin duda los valores. Bien, sin lugar a dudas existirán esos esquemas básicos que nunca romperemos, como es el respeto a uno mismo y a los demás, la honestidad, la valentía…

Ahora bien, dentro de este avanzar vital, todos podemos llegar a hacer pequeños cambios en nuestra personalidad e incluso en nuestra escala de valores de acuerdo a las experiencias vividas. Y todo será sin duda para bien porque forma parte del proceso de aprendizaje y de crecimiento.

No le tengas miedo a los cambios, son anclas que rompemos para avanzar con un poco más de sabiduría de acuerdo a los actos vividos.


El amor que nos trasciende

El amor que sentimos por los nuestros, por nuestra familia, por nuestra pareja o nuestros hijos, son también puntos fijos en nuestra esencia vital.

Ahora bien, el amor no es una entidad estable en el tiempo. También el amor se trasforma y se adapta. Un ejemplo de ello es nuestra propia relación de pareja.

Los dos miembros deberán ir adaptando a los cambios vitales que van surgiendo a lo largo del tiempo: los cambios de trabajo, la llegada de los hijos, el equilibrar el crecimiento individual con el crecimiento de la propia pareja.

Todo ello son momentos que van a exigir nuestra dedicación, nuestra sabiduría y la capacidad de ir avanzando siendo dos personas en una misma unidad existencial. Compartimos esas mismas raíces nutridas por el amor, pero alzamos nuestras ramas personales para seguir creciendo personalmente.

Claves para asumir los cambios con sabiduría

– Tú eres la prioridad, el protagonista de tu vida y eres importante dentro de tu mundo. No te aferres a los miedos o a la indecisión porque a largo plazo, llegará la frustración, el lamento por una vida no vivida.

– Nunca dejes de cuidar a ese “niño interior“. Debes ilusionarte por ti y por la vida, ser espontáneo dentro de toda la sabiduría que has adquirido. Disfruta de las cosas sencillas, ama, experimenta, atrévete.

No te ancles a los errores del pasado ni te alimentes de nostalgias, la vida no espera a quien se detiene en sus propias oscuridades. La vida busca luz y su propia libertad, permítete crecer con ella, con optimismo, con ilusión y sencillez.



8 cosas que tienes que dejar de hacer para sentirte bien.

Solemos compartir innumerables promesas para ser mejores a la hora de cambiar nuestro estilo de vida y sentirnos bien con nosotros mismos. Es bueno tener una disciplina ya que la constancia nos permite cierto bienestar y evita el estrés del cambio constante. Esta puede ayudarte a ser fiel a la hora de conseguir los cambios u objetivos que te propongo para sentirte bien.


Es cierto que como somos seres humanos imperfectos nos sugestiona y crea más efecto sobre nuestra persona el escuchar “no hagas esto“. A la hora de educarnos parece que socialmente es más eficaz emplear formas negativas y aquellas que imponen cierta autoridad.

Dando con ello un giro totalmente positivo al tema de conseguir ganar en calidad de vida, compartiré contigo las 8 cosas que todos tenemos que dejar de hacer si queremos ser felices. Al liberarte de ellas será más fácil comenzar a sentirte bien.

“La vida es corta, y por desgracia gastamos mucho tiempo pensando cómo se puede disfrutar.”
-Ben Johnson-

 Deja de gastar más en cosas materiales que en tus propias experiencias

Siempre es bueno un cumplido y sentir que a nuestro entorno llega el detalle de que nos cuidamos. Un halago en el momento perfecto puede ser un perfecto detonante de un estado de ánimo positivo a lo largo de nuestra jornada.  Pero es cierto que para cuidarnos no necesariamente tenemos que derrochar en cuanto a bienes materiales y económicos se refiere.

Disfrutar de aquellos momentos que recordarás para el resto de tu vida, esas emociones y sentimientos llenos de intensidad que te llevan a disfrutar de tu existencia es aquello en lo que verdaderamente tienes que invertir para sentirte bien. Tanto en tiempo, que vale oro, como recursos económicos. Porque además si verdaderamente deseas vivirlos encontrarás la forma de ahorrar y priorizarlos. 

Niña en la pradera con una mariposa

No inventes historias sobre tu vida para parecer más interesante

Las personas superficiales son aquellas que simplemente se concentran en dar una apariencia material y una posible fachada inventada evitando sacar a la luz su verdadero yo. Digamos que se concentran en colocarse una máscara con origen en una gran inseguridad personal y miedo a la crítica feroz. No tiene nada de malo parecer simple y un auténtico ser humano, con sus defectos y virtudes clásicas.


Concéntrate en decir la verdad de ti mismo y los demás. Sé auténtico y evita traicionarte a ti mismo para sentirte bien. De la otra forma acabarás perdiendo el sentido de lo que es real y de aquello de tu alrededor que no los es.

No temas decir que “sí” a más cosas

Es cierto que en casa estamos a gusto y seguros. Pero cuando nuestra rutina se basa en quedarnos estáticos en nuestras cuatro paredes de siempre nos perdemos un inmenso mundo exterior ahí afuera. Me gusta mucho invitar a mis clientes a que integren en su vida la palabra “atreverse“.

Sacar a la luz nuestro verdadero potencial ocurre cuando nos atrevemos a salir de nuestra zona de confort, al igual que los grandes aprendizajes. No temas sentirte apasionado, ilusionado o simplemente comenzar nuevas actividades, reuniones o visitas que créeme, cambiarán tu vida muy positivamente.

No emplees tu tiempo en falsas amistades

Rodearnos de aquellas personas que nos hacen la vida imposible o de las cuales notamos que “algo no anda bien” no tiene sentido. Empleamos tiempo que no recuperamos, y lo más importante, la energía que necesitamos para disfrutar y vivir plenamente.  Aprende a elegir aquellas amistades que te aportan algo mágico.

Deja de lamentar que no tienes tiempo

En realidad todos gozamos del mismo tiempo material si queremos. Al fin y al cabo la muerte, como dicen, es algo de lo que no podemos escapar ninguno. Y recordarlo no tiene que suponernos un trauma o parecido. Simplemente, la vida consiste en priorizar. Adquirir hábitos nos cansa.

Pero muchos estudios y experiencias personales demuestran que en cuanto realizas aquello que te has propuesto tan solo una vez, ya tienes el 80% del camino superado… ¿Por qué no intentarlo entonces para sentirte bien?

Deja de ser tan crítico

No bases tus primeras impresiones en el atractivo físico de las personas que te rodean o acabas de conocer. Estarás de acuerdo conmigo que la gente es mucho más que sólo una foto en el Facebook. Recuerda que nuestros pensamientos y críticas constituyen lo que somos. Y dudo que seas una persona vacía que solo se centre en lo que los ojos ven pero el corazón aún no ha podido tocar.

No bases todas tus acciones en lo que tu entorno piensa

Atrévete de nuevo a dar el primer paso sin estar continuamente pensando “el que dirán” o si tus seres queridos aprueban o no, determinada acción. Evita ponerte en duda a tu propia persona y simplemente hazte la pregunta de ¿por qué no? ¿qué puedo perder? 

Recuerda honrar tus valores y creencias aunque los demás te pongan en entredicho por ello. Ya sabes que si tienes la capacidad de imaginar todas tus metas y sueños por cumplir es porque tienes la capacidad suficiente de hacerlos realidad.

No tengas miedo de llevar a cabo tu sueño, no importa qué tan extraordinario pueda parecer

Si sueñas con escribir un libro, actuar en una película, crear una multinacional o simplemente dar la vuelta al mundo ¿para qué tener miedo? Da igual cuan extraordinario pueda parecer. Recuerda el punto anterior.

Es bueno de vez en cuando mirar tu entorno y recordar que mucho de lo que tú eres es gracias al valor de personas que en su momento se atrevieron a llevar a cabo sus sueños: presidentes, escritores, astronautas, científicos, artistas. En definitiva, seres humanos que si creen y creyeron en si mismos y se atrevieron a dar el primer paso.  

“Solamente pasaba diez minutos con el amor de su vida, y miles de horas pensando en él.”
-Paulo Coelho-


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Mi abuela decía que ningún animal llega a tu casa por casualidad. Cada visita tenía un significado. No para vivir con miedo. Sino para deten...