Mi tía decía que cuando el dinero no alcanzaba y las preocupaciones no dejaban dormir, lo primero no era perder la esperanza.
Era buscar un momento de silencio y poner todo en manos de Dios por intercesión de San Benito.
Coloca una mano sobre tu corazón y reza con fe:
“Glorioso San Benito, tú que estás por encima de todo, escucha ahora mi clamor.
Pon tus ojos sobre mí y sácame de la carga de las deudas.
Coloca en mi camino tu santa luz y restaura mis finanzas.
Que nunca falte el pan en mi mesa y que siempre tenga lo necesario para mi hogar.
Así sea. Amén.”
Después guarda unos segundos de silencio y continúa tu día con confianza.
Mi tía decía que esta oración no era para buscar riquezas de un día para otro.
Era para pedir la fortaleza, las oportunidades y la bendición necesarias para salir adelante con trabajo, paciencia y fe.
Porque cuando el corazón deja de vivir dominado por la desesperación, también encuentra la fuerza para descubrir nuevos caminos.
"Haz que este mensaje llegue a quien más lo necesita. 🚀"

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