Mi abuela decía que ningún animal llega a tu casa por casualidad.
Cada visita tenía un significado.
No para vivir con miedo.
Sino para detenerte un momento y observar lo que estaba pasando a tu alrededor.
Decía que si aparecían ratones, era momento de poner orden en aquello que habías descuidado.
Si llegaban abejas, recordaba que Dios siempre provee y que el trabajo bien hecho da fruto.
Cuando veía un colibrí, sonreía porque decía que era un recordatorio de esperanza y de buenas noticias.
Y si encontraba hormigas, repetía que era tiempo de trabajar con paciencia y constancia, porque los grandes resultados siempre comienzan con pequeños esfuerzos.
La abuela decía que Dios puede hablarnos de muchas maneras.
A veces a través de una persona.
A veces por medio de un acontecimiento.
Y otras veces, simplemente por medio de la maravillosa creación que nos rodea.
Lo importante no era el animal.
Era aprender a mirar la vida con atención y agradecer cada día por las señales de esperanza que Dios pone en nuestro camino.
¿Cuál de estos animales visita más tu casa?

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