Empiezo a entender que insistes
porque algo dentro de mí aún no termina de aprender.
Pero a veces me pregunto
si de verdad hace falta tanto golpe
para que el mensaje llegue.
¿Qué tal si, por una vez,
me enseñaras con ternura?
Con una caricia inesperada,
con un respiro sin miedo,
con un abrazo que no duela después.
También se aprende desde el cuidado,
desde la calma,
desde el amor que no lastima.
Soy de las que comprenden por las buenas,
de las que florecen cuando las tratan con suavidad.
No necesito que me rompan para crecer,
ni que me quiebren para volverme fuerte.
Hay fuerzas que nacen del consuelo,
no del desgaste.
A veces cansa ser valiente todo el tiempo,
cansa resistir como si no hubiera otra opción.
También quiero sentir
que la vida me sostiene,
no solo que me empuja.
Así que si aún hay algo que deba aprender,
enséñamelo despacio.
Con luz, no con heridas.
Con paciencia, no con miedo.
Porque incluso los corazones fuertes
necesitan descanso…
y también merecen ternura.

No hay comentarios:
Publicar un comentario